Primero una casa, después lo demás


¿Qué pasaría si una persona que vive en la calle no tuviera que demostrar primero que dejó las drogas, estabilizó su salud mental o consiguió empleo para tener un hogar? ¿Y si el Estado hiciera lo contrario: garantizarle primero una vivienda y, desde ahí, acompañarla a reconstruir su vida?

Esa es la premisa de Housing First, un modelo de política pública que coloca la vivienda como punto de partida y no como recompensa. Su antecedente está en Nueva York, con el Alcalde Demócrata David Dinkins, a principios de los años noventa, a través del Programa Pathways to Housing que comenzó a ofrecer viviendas independientes a personas en situación de calle, muchas con enfermedades mentales graves y consumo problemático de sustancias. La condición no era estar en sobriedad ni terminar primero un tratamiento.

La lógica era sencilla, pero transformadora: nadie debería tener que resolver todos sus problemas para acceder a un techo. Una vivienda estable crea condiciones para atender la salud mental, enfrentar las adicciones, recuperar vínculos y acceder a servicios y, cuando es posible, al trabajo.

Housing First no es una fórmula que pueda copiarse sin adaptación. Suecia tiene condiciones sociales y habitacionales distintas a las de México. Aquí requeriría vivienda asequible, servicios de salud, profesionales especializados, coordinación institucional y presupuesto. Pero ofrece una lección fundamental: la dignidad no puede ser el premio al final de la recuperación.

El problema debe entenderse dentro de una realidad más amplia. En 2024, 38.5 millones de personas, 29.6 por ciento de la población mexicana, se encontraban en pobreza multidimensional, de acuerdo con el Inegi; siete millones estaban en pobreza extrema. Además, 18.3 millones presentaban carencia por calidad y espacios de la vivienda.

Estas cifras no significan que todas las personas en pobreza estén en situación de calle, pero sí muestran que la vivienda es parte de las condiciones que determinan el bienestar. Un hogar adecuado permite sostener vínculos, acceder a servicios, estudiar, trabajar y construir un proyecto de vida.

En México tampoco existe una cifra oficial única y actualizada para 2026 que contabilice con exactitud a todas las personas en situación de calle. El Inegi no realiza un censo específico y permanente de esta población, por lo que existen registros parciales y mediciones locales. En la Ciudad de México, el conteo realizado durante 2023-2024 identificó a mil 124 personas en situación de calle. Por otra parte, cifras difundidas a partir de información del Inegi estimaron en cinco mil 778 las personas sin acceso a una vivienda; de cada 100, 87 son hombres y 13 mujeres.

Hablar de Housing First en México implica, por ello, mucho más que construir viviendas. Significa preguntarnos si las políticas sociales están diseñadas para acompañar a las personas desde su realidad concreta o si seguimos exigiéndoles superar primero las condiciones que, precisamente, les impiden salir de la calle.

Una política pública centrada en las personas empieza por preguntar qué necesitan para reconstruir su vida, no qué deben demostrar para merecer un hogar. Primero una casa; después, lo demás. No como concesión, sino como el comienzo de una vida con mayor dignidad y derechos.

@ClauCorichi

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