Hay cifras económicas que describen el presente, pero también permiten anticipar el futuro. El comportamiento reciente de la inversión productiva en México es una de ellas.
En junio de 2026, la Inversión Fija Bruta creció 5.9% a tasa anual y 1.3% respecto de mayo, de acuerdo con el Inegi. En abril, la inversión aumentó 5.1%, con lo que terminó una racha de 19 meses consecutivos de retrocesos anuales. En mayo creció otro 2.4%.
Esto es importante porque invertir significa destinar recursos hoy para aumentar la capacidad de producir mañana. Una empresa que adquiere maquinaria, construye una planta, incorpora tecnología o amplía sus instalaciones no solamente realiza un gasto: incrementa su capacidad productiva. Lo mismo ocurre con la inversión pública, que representa cerca del 2% del PIB. Una carretera, un puerto o una red eléctrica o de telecomunicaciones no son únicamente obras físicas: pueden reducir costos, conectar regiones, atraer empresas y generar condiciones para crecer.
Por eso, la inversión es uno de los pilares del crecimiento de largo plazo. Un país puede aumentar temporalmente su consumo, pero sin inversión difícilmente puede elevar de manera sostenida su productividad, generar mejores empleos y aumentar los ingresos de las familias. Durante el primer trimestre de 2026, la inversión fija mostró una recuperación al moderar su ritmo de contracción a 2.9%, lo que representa una mejora frente al 5.9% registrado en el mismo periodo de 2025. Este avance fue impulsado principalmente por el dinamismo de la inversión pública, que creció 6.6%, compensando parcialmente la contracción de la inversión privada, que se situó en -4.4%.
El verdadero desafío para México es que este repunte se convierta en una tendencia sostenida. No basta con que aumente la inversión; necesitamos que se traduzca en productividad, empleos formales, innovación y bienestar, así como en capacidades que permanezcan. Que una nueva planta incorpore proveeduría mexicana. Que la tecnología permita producir más y mejor. Que una obra de infraestructura reduzca costos para las pequeñas empresas. Que una oferta suficiente de energía permita instalar nuevas industrias. Que el desarrollo de infraestructura contribuya a disminuir las desigualdades entre regiones.
México tiene una oportunidad ante la reorganización de las cadenas globales de suministro. Cuenta con una manufactura sólida, una población joven y una posición geográfica envidiable. La relocalización de empresas puede convertirse en una fuente importante de inversión, pero no ocurrirá de manera automática. El nearshoring representa una oportunidad estratégica para el país y para incrementar la inversión privada. Para aprovecharla, se requieren seguridad, infraestructura, certeza jurídica y Estado de Derecho.
Debemos mirar también la composición de la inversión. La pública puede generar infraestructura estratégica; la privada aporta capital, innovación y capacidad empresarial. Ambas son necesarias y complementarias. El crecimiento de junio es una buena noticia; lo importante será saber si estamos ante el inicio de un ciclo sostenido de inversión.
México necesita crecer, pero hacerlo de manera sostenida y productiva, con beneficios que lleguen a más regiones y personas. Porque la inversión no solamente mide cuánto crece una economía: mide cuánto construye un país para las próximas generaciones.
@ClauCorichi
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