Cuando el planeta advierte y los liderazgos deciden


Hay señales que ya no podemos ignorar. En Nepal, el colapso de una masa de hielo y roca en el Himalaya desencadenó una inundación devastadora que cobró la vida de muchas personas. Los científicos advierten que el calentamiento está haciendo más inestables los glaciares, el hielo y las laderas de las grandes montañas.

A miles de kilómetros, en el Gran Cañón de Arizona, lluvias torrenciales provocaron una inundación súbita. No sería científicamente correcto atribuir cada desastre exclusivamente al cambio climático. Pero tampoco podemos ignorar el patrón: temperaturas récord, olas de calor, sequías, incendios, inundaciones, deshielo, aumento del nivel del mar y pérdida de biodiversidad están transformando las condiciones en las que vivimos. El sargazo que llega masivamente a nuestras costas mexicanas es apenas otra señal visible de un océano que también está cambiando.

El aumento de la temperatura no solo modifica paisajes. Amenaza el agua, los alimentos, la salud, las ciudades y las economías; profundiza las desigualdades y puede provocar nuevos desplazamientos humanos. Lo que antes parecía una advertencia sobre el futuro ya forma parte de nuestro presente.

El problema, entonces, no es solamente climático, sino también político. Mientras la evidencia científica se acumula, algunos liderazgos cuestionan la gravedad del fenómeno o se resisten a las políticas necesarias para enfrentarlo. Donald Trump volvió a retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, mientras Javier Milei ha calificado el cambio climático como una “mentira socialista”. Son expresiones de una corriente que coloca la soberanía energética, el crecimiento económico o los intereses nacionales por encima de los compromisos climáticos globales.

En contraste, China ha decidido ocupar un espacio de liderazgo en la transición energética. Xi Jinping mantiene el compromiso de alcanzar el pico de emisiones antes de 2030 y la neutralidad de carbono antes de 2060, mientras su país se ha convertido en una potencia mundial en energías renovables. Pero la paradoja permanece: China también es el mayor emisor de gases de efecto invernadero y continúa dependiendo del carbón.

El contraste revela la complejidad del desafío. Mientras algunos liderazgos cuestionan la urgencia de actuar y otros buscan posicionarse en la transición energética, el planeta no espera las decisiones políticas menos aún de la derecha. Sus temperaturas siguen aumentando, los océanos acumulando calor y los fenómenos extremos poniendo a prueba a sociedades enteras.

Por eso, el cambio climático dejó de ser exclusivamente un asunto ambiental. Es una cuestión de salud, economía, seguridad, migración, infraestructura, alimentación, derechos humanos y sobrevivencia. También es una cuestión de justicia intergeneracional.

Las decisiones de las y los líderes importan: qué acuerdos suscriben, qué políticas impulsan, cuánto invierten en prevención y qué modelo energético y económico promueven. Pero también importan nuestras decisiones.

La ciudadanía no somos espectadoras de lo que hacen nuestros gobiernos y sus liderazgos. Somos corresponsables de elegir a quienes toman esas decisiones y de respaldar, mediante nuestro voto, propuestas de política pública capaces de enfrentar esta crisis.

El planeta está hablando. La pregunta es si gobiernos y ciudadanía estamos dispuestas a escuchar y actuar antes de que estas advertencias se conviertan en la normalidad del mundo que dejaremos a las próximas generaciones.

@ClauCorichi

Previous FGEA vinculó a Proceso a sujeto por posesión de sustancias prohibidas
Next Fiscalía Estatal vinculó a Proceso a sujeto señalado por Narcomenudeo

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *